¿Sabes lo que es la autorregulación?

Por Hendrik Vaneeckaute (laserrada.org)

Definir la autorregulación es casi como definir la felicidad… debería ser sencillo hacerlo, porque se supone que es lo que perseguimos en esta vida, pero cuando coges el bolígrafo y el papel y te propones definirla, no parece tan sencillo. Una posible definición de la autorregulación podría ser la capacidad de todos los seres vivos de regular espontáneamente las propias funciones vitales, de contactar con las necesidades básicas y de buscar su satisfacción.

Cuando hablamos de autorregulación en relación con los niños pequeños, no estamos hablando de dejar que se busquen la vida (o sea, desatenderlos) o de dejar que hagan absolutamente todo lo que les dé la gana. En realidad, es todo lo cotnrario: es conocer sus necesidades, es estar atentos a ellas y ofrecerles el entorno físico y emocional que permita la satisfacción placentera de estas necesidades básicas.

Desde muy pequeños, necesitamos sentirnos seguros, protegidos y la contención de los brazos de papá o mamá. De esta forma, podemos sentirnos seguros y amados, y a partir de ahí, salir a explorar el mundo. Nadie duda de la curiosidad que tenemos de pequeños cuando todo lo queremos tocar y llevárnoslo a la boca. Tampoco se tienen dudas de que el aprendizaje del habla es algo que forma parte del proceso madurativo natural de los niños. Lo mismo ocurre con el proceso de aprender a caminar. Aunque muchas personas intentan promover precozmente este proceso, los estudios demuestran que los niños aprender a andar por sí solos, cada uno cuando está maduro para ello, y lo hacen de una forma muy similar y con mucha seguridad, sin caerse apenas. Intentar forzar este proceso puede provocar daños físicos, porque la musculatura de las piernas y de la espalda no está preparada.

Con el tiempo, la curiosidad de los niños sigue creciendo y creciendo, a medida que adquieren más movilidad y descubren su capacidad verbal. Si encuentran un entorno adaptado a sus necesidades, simplemente, no podrán diferenciar entre jugar, experimentar y aprender. Desafortunadamente, lo que ocurre en la actualidad es que entran demasiado pronto en un entorno regulado estrictamente, donde todos los niños nacidos en el mismo año son obligados a hacer las mismas actividades, de la misma forma en el mismo momento. La propia curiosidad para explorar y experimentar poco a poco es sustituida por el entretenimiento guiado en las escuelas infantiles y una educación en exceso formal, incluso antes de la primaria.

Si recordamos la definición de la autorregulación: la capacidad de regular las propias funciones vitales, de contactar con las necesidades básicas y de buscar su satisfacción, y nos preguntamos qué son las necesidades básicas de un niño hasta los 7 años, nos encontramos con unas respuestas muy diferentes a lo que se suele ofrecer a estos pequeños.

No cesan de aparecer estudios que demuestran la importancia de los primeros 7 años de vida del ser humano, en los cuales se sabe que se forma la base del carácter. Todos los padres deseamos que nuestros hijos crezcan sanos, sean seguros, fuertes y felices. Pero en la práctica, la forma de educar imperante en nuestra sociedad es la de intentar adaptar al bebé, cuanto antes, a nuestro ritmo de vida y acostumbrarlo, también cuanto antes, a lo que les espera en la vida, para evitar males mayores. Pero, en realidad, lo que ocurre cuando forzamos a nuestros hijos a dormir solos, cuando no les cogemos en brazos si lo piden y lo necesitan, les acostumbramos al ritmo escolar antes de que estén preparados para ello, y un largo etcétera que todos sufrimos, lo que estamos haciendo es desconectar a los niños de sus necesidades, romperles su capacidad de saber lo que necesitan y quieren, dificultar su posibilidad de conectar con sus sentimientos (¡no llores!) y les convertimos en niños duros en vez de niños fuertes.

La fortaleza de una persona no depende de su insensibilidad, sino justamente de su capacidad de saber lo que quiere y lo que siente y de su capacidad de saber cómo lograr la satisfacción de sus necesidades.

Cuando un niño siente que el entorno le apoya, es cómplice en la búsqueda de la satisfacción de sus necesidades de seguridad, de contacto físico, de experimentación, etc., ese niño desarrollará una autestima que le permitirá cuidarse a si mismo cuando sea adulto. Cuando respetamos su curiosidad natural, nunca le aburrirá aprender todo lo que necesite para ser feliz en esta sociedad.

Después de toda esta reflexión, esa definición de felicidad, tan difícil de encontrar… ¿no podría ser la misma que para la autorregulación? ¡Revisadla a ver si os cuadra!

Por Hendrik Vaneeckaute, miembro de la Asociación Espai per a Créixer http://www.laserrada.org.

Publicado en Ciudad de Alcoy, 08-02-2010.

Descargable en pdf aquí.

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