“El reloj, la cama, la silla” por Sheila Kitzinger

“Cartas desde Europa de Sheila Kitzinger”. Traducido por Marina Romanos para el blog de Bebé a go-go!

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El reloj, la cama, la silla

Muchas intervenciones aceptadas como normales en el parto y el nacimiento son insidiosas y, con el tiempo, se han consagrado por el uso. No  destacan por el uso de las nuevas tecnologías ni conllevan desembolsos importantes, pero forman parte del ambiente convencional del nacimiento en los países desarrollados. Sin ellas, algunos profesionales de la salud se sentirían inseguros. Estas intervenciones sientan las bases de otras y no se registran porque pasan desapercibidas.

 

El reloj

Un elemento central del material en los partos es el reloj colgado en la pared. Los registros se basan en la información que éste proporciona: el ritmo y duración de las contracciones,  la valoración de la actividad uterina, los parámetros de la primera, segunda y tercera etapa del parto y la puntuación Apgar del bebé.

Para algunos profesionales de la salud, un nacimiento sin un reloj parecería un caos. Se sentirían fuera de control. La información que da el reloj se ve reforzada por la del reloj del personal sanitario y por la impresión del monitor fetal electrónico, que también registra la hora. En retrospectiva, el trabajo de parto y el nacimiento se definen en términos del reloj: grado de dilatación cervical, rotura de aguas, catéter intravenosos insertado, descenso de la cabeza fetal, medicación administrada, el niño y la placenta alumbrados en un momento específico

Las mujeres también, cuando relatan partos hospitalarios, frecuentemente puntúan la experiencia como fácil o difícil en referencia al reloj.

Esto es infrecuente en el caso de los partos domiciliarios. Estudié los relatos de parto de mujeres, comparando los partos en casa con los hospitalarios. Cuando realicé un análisis del contenido de sus historias las referencias al tiempo resultaron ser opuestas.

En el hospital, la hora del nacimiento se registraba con respecto al reloj y al partograma. En algunas ocasiones, queda claro que el tiempo determinó las decisiones sobre el parto. Todo lo que ocurrió en el proceso ocurrió a determinadas horas, y algunas mujeres incluso escribieron sus historias en forma de cronograma, con la hora exacta iniciando cada línea o sección

Cuando una mujer fue trasladada de casa al hospital la decisión a menudo fue tomada con relación a la hora. Una mujer contó cómo la matrona, que llegó al domicilio a las tres de la tarde, anunció: “Tienes que tener este bebé para las seis, porque después se acaba mi turno y no hay nadie para relevarme”. La mujer fue trasladada al hospital, la dilatación estimulada con un gotero de oxitocina intravenosa y acabó en una cesárea de emergencia considerando que la dilatación se prolongó demasiado.

Los partos domiciliarios se describieron en relación a fenómenos naturales, el día y la noche; el amanecer y el ocaso; plena luz, penumbra y oscuridad, y también en referencia a las relaciones sociales que afectaron a la dilatación: niños despertándose, yendo al colegio, volviendo a casa, vecinos dejándose caer y comidas familiares. Una mujer recordó que encontró el momento de plantar judías en el jardín, con ayuda de su matrona, antes de que la dilatación se tornara demasiado intensa para continuar con la tarea. Muchas madres que dieron a luz en casa relataron cómo prepararon la comida con antelación u hornearon un pastel para la fiesta de después

En los hospitales, el trabajo de parto regulado por el reloj es tan habitual que pasa inadvertido.

El reloj es una intervención tecnológica todavía sin evaluar que tiene un gran impacto en el proceso del parto.

La cama

Desde los años 70,  las investigaciones han revelado que las posiciones erguidas y la movilidad permiten que las contracciones sean más eficientes y que se reduzca la percepción de dolor 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9. Aun así, en las salas de parto de todo el mundo la cama es la pieza central del mobiliario y su presencia se da por descontada. La cama es para meterse dentro. Implica un cierto tipo de postura y una cierta actitud mental. Las camas son para descansar, para aliviar tensiones y dolores, y en un hospital para presentar el cuerpo a la mirada del profesional para que pueda ser examinado, diagnosticado y manipulado. Los asistentes se reúnen alrededor de la cama y lo miran, las luces se dirigen a él, el material electrónico se alinea para ser conectado con el cuerpo recostado. El cuerpo del paciente pertenece a la cama y la cama al cuerpo.

El parto confinado en la cama se percibe como normal, incluso inevitable, en la mayoría de hospitales de todos los sitios. Cualquier variación en el estilo del parto se ve como innovadora y arriesgada.

La silla

Cuando los profesionales de la salud bajan a la mujer de la cama tienden a ofrecer otro mobiliario. En lugar de espacio abierto, se proporciona un taburete o una silla. Desde los años 80 se han publicado algunos estudios comparando el uso de una silla o taburete con una cama, pero no comparando la silla con la libertad total de movimiento.

El uso de una silla, taburete u otro aparato conlleva el mensaje implícito: “Siéntate aquí, pon los pies ahí y agarra esto. Cuanto más complicado es el equipamiento y cuantas menos opciones están disponibles para la mujer, más restringido queda el movimiento.

Las posiciones en cuclillas y de rodillas se han mantenido como las más comunes en las culturas tradicionales de todo el mundo. Cuando estaba investigando en un gran hospital en Jamaica en los años 60, presencié una discusión entre las mujeres en trabajo de parto y las comadronas. Las mujeres querían levantarse de la cama y ponerse en cuclillas, con las rodillas dobladas y balancear la pelvis hacia delante y hacia atrás, y las matronas estaban decididas a ponerlas en la cama o el potro de partos, donde se esperaba que se tumbaran quietas y fueran buenas pacientes.

Las sillas de parto tienen una larga historia. La silla de partos medieval era una tabla de madera en forma de herradura o boomerang con patas, sin respaldo y sin brazos. La mujer se podía sentar sobre ella y mover su pelvis libremente. Una de las “hermanas en dios” (acompañante de la mujer en el parto) se sentaba detrás de ella y se mecía apoyándose en su cuerpo y acompañando el movimiento. Era una postura familiar y cómoda, ya que las mujeres estaban acostumbradas a sentarse inclinadas en taburetes bajos mientras ordeñaban las cabras o cabras y tejiendo o hilando.

Otra versión, que data del siglo XVI, se alargó de modo que una mujer se podía sentar detrás de la madre en el taburete, sosteniéndola con su cuerpo. Más adelante se añadieron respaldos sólidos a las sillas de partos, y posteriormente asideros.

La silla de partos es una evolución de las sillas de partos de ladrillo usadas en Egipto, Persia e India y también de la tradición de parir sentada en el regazo del acompañante. Esta manera de parir era común en Africa, Europa y Sudamérica. A principios del siglo XIX un carpintero alemán diseñó una silla de partos con respaldo después de que su mujer le contara a otras mujeres embarazadas de su vecindario lo fácil que le había resultado dar a luz sentada entre los muslos de su marido. Como resultado las mujeres le llamaron para que las atendiera cuando estaban de parto. Se hizo muy popular en la ciudad, hasta el punto que construyó una silla de partos que ocupara su lugar10.

Una variación que combinaba el parto en el regazo y el taburete fue desarrollada por colonos en los asentamientos norteamericanos. La mujer se sentaba entre los muslos del marido en un taburete o silla vuelta de espaldas de modo que tenía espacio detrás de ella. Así podía balancear la pelvis, y sus ayudantes femeninas se sentaban enfrente de ella para que pudiera alcanzar y agarrar sus manos.

Las sillas de parto se fueron complicando, añadiendo relleno acolchado, faldas de tela y reposapies, y se convirtieron en sillas que se parecían a las sillas domésticas de las casas de clase media, a menudo con tallados decorativos y reposaderos para los pies.

De ahí fue sólo una cuestión de ángulo el sujetar a la mujer en una posición y reclinarla hacia atrás, con las piernas levantadas y maniatada. La actividad de la mujer en el parto fue sustituida por la actividad del partero, y desde entonces las sillas y camillas de parto se diseñaron para facilitar sus maniobras sin que la paciente estorbara.

Hoy las sillas de parto varían desde simples taburetes, como el taburete de plástico de las matronas de Nueva Zelanda, que deja el coxis libre y tiene un plato de acero inoxidable debajo para la placenta, hasta las construcciones altamente elaboradas que se convierten en camillas de parto con posición en litotomía y estribos, en las cuales se puede realizar cesáreas.

En Suiza, la silla de partos Maya es sólo éso, un taburete bajo y curvo, con un cojín acolchado, donde la mujer puede mover la pelvis libremente aunque esté sentada sobre el coxis.

La elegante silla Roma, también de diseño suizo, con sus soportes circulares y su asiento acolchado y elástico, sugiere actividad porque parece una pieza de material atlético. Pero tiene reposapiés que indican dónde la mujer debe colocar los pies. La mujer puede tirar de las barras de metal que cuelgan encima de ella o hacer presión contra ellas, pero no puede arrodillarse, ni ponerse en cuclillas o a cuatro patas.

Las marcas de maquinaria médica que fabrican sillas de parto modernas enfatizan en su material promocional que con un golpecito en un interruptor o con apretar un botón, éstas permiten a la mujer ponerse en cuclillas agarrándose a una barra, con su perineo al descubierto para que pueda ser protegido, y la cabeza del bebé rotada manualmente, o pueden inclinarse en la posición Trendeleberg (supina con los pies más altos que la cabeza) o ponerse plana sobre la espalda para un parto instrumentalizado o una cesárea. Estas sillas de parto, aunque se promocionan diciendo que permiten a la mujer estar erguida con apoyo, en última instancia están bajo el control del obstetra y permiten que el nacimiento se transforme en un parto intervenido.

En cualquier congreso internacional sobre parto se puede ver este tipo de material en la sala de exposición. Una silla de partos vanguardista italiana, construida enteramente de acero inoxidable y caucho negro, se publicita como “la posición más favorable para partos fisiológicos”. Esto resulta en una mujer reclinada sobre su espalda, las piernas colocadas en estribos, sus tobillos y muñecas esposados, y sus hombros sujetos para que no pueda mover la cabeza. Malvestio (Industrie Guido Malvestio), la compañía fabricante, la promociona así: “A causa de su movilidad este equipamiento permite al obstetra intervenir efectiva y racionalmente en la mujer gestante” y con “un simple y rápido movimiento de pedal” la silla se transforma en una camilla en la que se puede realizar una cesárea.

La piscina

Incluso una innovación reciente, la piscina de partos, no siempre permite libertad de movimiento. En teoría una piscina permite a la mujer sostenida por el agua moverse libre de peso. O eso podríamos pensar. A pesar de que la investigación publicada a menudo se refiere a la movilidad como una de las ventajas de parir en una piscina, algunas de estas piscinas son complicadas estructuras con asientos, asideros y reposapiés, y el movimiento en ellas está restringido. En algunos centros se usan las piscinas diseñadas para bañar personas mayores y desabilitadas. Una piscina pensada como bañera para los frágiles y ancianos es, por naturaleza, limitante. Una piscina embellecida con un asiento de plástico, una rampa, reposapiés, ducha y asideros es igualmente restrictiva.

En muchos hospitales ingleses una grúa se erige encima de la piscina de modo que, cuando la matrona lo desea, el cuerpo inerte de la mujer puede alzarse y colocarse en tierra seca. En algunos hospitales del continente, a pesar de la falta de evidencia en los tests de que la inmersión en agua sea segura cuando la madre ha recibido opiáceos o anestesia local, las mujeres pueden no sólo recibir una inyección de demerol antes y después de entrar en la piscina, sino también ser parcialmente inmovilizadas con la epidural. Esta información es esencial para el desarrollo de una base de datos internacional sobre el parto en agua11.

El trabajo de parto controlado por el reloj, incluso cuando una mujer es atendida por una matrona y tiene todas las ayudas para apoyar el parto fisiológico, es un trabajo restringido por protocolos. Aún es más, cuando una parturienta usa una silla o una piscina no se dar por sentado que sea capaz de moverse libremente. Se necesita llevar a cabo una investigación comparativa utilizando el video para grabar la variedad de posiciones y movimientos que las mujeres adoptan en la dilatación y el expulsivo en taburetes de parto, sillas o piscinas. También se debería grabar en vídeo la interacción entre los asistentes al parto y la madre para demostrar si ésta se encuentra bajo presión para parir dentro de un límite de tiempo y si el profesional espera y sugiere determinadas posiciones.

Sólo entonces podremos empezar a entender los efectos en las experiencias de parto de las mujeres y los resultados del reloj, la cama y la silla en el bebé y la mujer.

Referencias

1.Liu Y, Effects of an upright position during labor, American Journal of Nursing; 1974 2202-5
2. Flynn A, Kelly J, Hollins G, Lynch P.F. Ambulation in labour. British Medical Journal 1978; 2: 591-3
3. Caldeyro-Barcia R, The influence of maternal position on time of spontaneous rupture of the membranes, progress of labor and fetal head compression. Birth 1979; 6: 10-18
4. Jong P.R., Johanson R. B, Baxen P, Adrians V.D., Westhuisen S, Jones P.W. Randomised trial comparing upright and supine positions for the second stage of labour British Journal of Obstetrics and Gynaecology 1997; 106: 291-2
5. Diaz A, Schwartz R, Fescina R, Caldeyro-Barcia R, Vertical position during the first stage of the course of labor and neonatal outcome. European Journal of Obstetrics, Gynecology and Reproductive Biology 1980; II: 1-7
6. Chamberlain G, Stewart M, Walking through labour. British Medical Journal 1987; 295: 802
7. Roberts,J.Maternal position during the first stage of labour in Chalmers I, Enkin M, Keirse M.J.N.C. Effective Care in Pregnancy and Childbirth, Vol. 2, Oxford University Press, Oxford, 1989: 883-892
8. Sleep J, Roberts J, Chalmers I, Care during the second stage of labour in Chalmers I, Enkin M, Kierse M.J.N.C. Effective Care in Pregnancy and Childbirth, Vol 2, Oxford University Press, Oxford 1989: 1130-1134
9. Gupta, J.P, Nikodem V.C., Maternal posture in labour. European Journal of Obstetrics, Gynaecology and Reproductive Biology 2000; 92: 273-7
10. Engelmann G, Labor Among Primitive Peoples J.H. Chambers, St Louis, 1882
11. Burns E, Kitzinger S, Midwifery Guidelines for Use of Water in Labour. OCHRAD, Oxford Brookes University, Oxford, 2001

Sobre la autora:

Sheila Kitzinger nació  el 29 de Marzo de 1929 en Taunton, Somerset (Reino Unido).
Estudió antropología social en las Facultades de Ruskin y St. Hugh en Oxford, y después se dedicó a la investigación y la enseñanza en la Universidad de Edimburgo.
Autora de “Pare a tu manera: Elegir un parto en casa o en un Centro de Partos”, es una de las más francas e influyentes defensoras, a nivel mundial, de la libertad de elección de las mujeres en el embarazo, parto y maternidad.
Su investigación acerca del parto y de los cuidados maternales abarca culturas tan variopintas como la Caribeña, Norteamericana, Europea, sudafricana, Neozelandesa y Japonesa. Da clases y dirige seminarios y talleres para matronas en universidades y hospitales universitarios de todo el mundo, y es la principal defensora del parto en casa y del parto en el agua, a los que ha dedicado años de extensa investigación.
Es catedrática honoraria de la Thames Valley University, Inglaterra, donde imparte clases para matronas y sobre la antropología social del parto. En Estados Unidos, es miembro de la Asociación Internacional de Educación para el Parto, la Asociacion Internacional de Expertons en Lactancia, la Red Internacional para el Conocimiento de las Cesáreas, y es directora de la escuela de matronas de Seattle.

Es antropóloga especializada en el embarazo, parto y los cuidados de bebés y niños pequeños. Aunque da clases a matronas ella nunca ha sido una matrona. Promueve que las mujeres tengan la información que necesitan para tomar decisiones sobre sus partos. Cree fuertemente que todas las mujeres que no están en situación de alto riegso deberían tener la opción de beneficiarse de un parto en casa.

Es autora de 24 libros (y madre de cinco hijas). Sus libros cubren temas como las experiencias de las mujeres de los cuidados prenatales, los planes de parto, la inducción del parto, las epidurales, la episiotomía, los cuidados hospitalarios en el parto, las experiencias de los niños presentes en los partos y el estrés postraumático tras el parto. También ha escrito numerosos artículos en revistas científicas y desde 1958 ha estado desarrollando su propio modelo psicosexual del nacimiento.

Algunos libros de Sheila Kitzinger:

El nuevo gran libro del embarazo y el parto

Nacer en casa

Embarazo a partir de los treinta. Información indispensable para una situación cada vez más frecuente

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